Nobody Loves Me But My Mother.

La espera al sol mereció la pena.
Llegamos temprano a Embajadores, donde nos aguardaba Txus. Decidimos que frente al calor, la tónica es un gran invento, sobre todo si viene, como vino, acompañada de ginebra. Fue una gran decisión, pues nos animó durante el concierto.
Ya dentro del circo, vimos que nuestros asientos se correspondían con la 3ª fila... del gallinero. Asientos, por otra parte, lejos de los dispensadores de refresco / cerveza.



Ante estas adversidades, Txus decidió solventar una de ellas bajando a por un catxi de cerveza, y yo decidí que con un poco de trola y poniendo ojitos a la que llevaba los pases de prensa, podría colarme. Y efectivamente, así fue: Txus remojó su gaznate y yo me conseguí colar a pie de escenario, donde estaba la mesa de mezclas. Así se veía a Javi y a David





El concierto fue precedido de una entrega de un reconocimiento a la labor social que el guitarrista lleva haciendo durante toda su vida. Un embajador, en nombre de Nelson Mandela le entregó un pequeño detalle.
Posteriormente, la banda acompañó al guitarrista de 84 años de una manera magnífica, sin exagerar tampoco el protagonista en interminables solos que en otros conciertos si regaló al público.

Javi, Txus, Rodri, David y Carmen se decidieron a colarse también en pista para disfrutar de un buen sonido que acabó con la intervención de Raimundo Amador como colaborador estrella.

De todas las fotos (álbum) me quedo con el momento en el que B.B. King se percata que uno de los fotógrafos de adelante está bailando, al contrario que el resto (que si hacían su trabajo). Se marcó una buena sonrisa.



música


El final del día no estuvo mal: terraza en casa de Txus y a dormirla, que al día siguiente si bien no madrugamos tanto como él, también ha resultado ser un día productivo.

música
B.B. King, Nobody Loves Me But My Mother.



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